El avance de la ciencia en el ámbito de la física a principios del siglo XX, hicieron que en el estudio de lo micro (los fenómenos subatómicos) y de lo macro (astrofísica), se dieran anomalías que no dejaban avanzar a los científicos sin tener que cuestionarse un cambio radical en la concepción que hasta entonces la ciencia había manejado, que no era otro sino la relación mecanicista y reduccionista de la causa y el efecto. Los nuevos descubrimientos y mediciones entraban en contradicción frontal con este planteamiento casi dogmático en que se asentaba el edificio de lo racional. Sin embargo, como describe Thomas Kuhn en “La Estructura de las Revoluciones Científicas” no hubo más remedio que realizar un viraje radical y entrar en lo que se conoce como cambio de paradigma.

Un paradigma es la forma en que interpretamos el mundo, no desde un simple variar la perspectiva, sino desde un modificación del ser, es una forma radical de re-interpretar el mundo desde el cómo somos, y dada la relación de ser con acción, la de crear “nuevos mundos” a través de la capacidad generativa del lenguaje y de la acción intencional. El mundo me cambia y yo cambio el mundo, la mano no sabe que dibuja una mano que a la vez se dibuja a sí misma.

En la física, el cambio de paradigma se dio en el comprender que no había un causa y un efecto, sino múltiples causas y múltiples efectos donde no cabía distinguir sino una relación circular de recursividad y que por tanto no eran estos los ejes donde había que aplicar el foco, al estar desdibujados, difuminados entre sí, sino que el foco había que situarlo en las múltiples relaciones que se establecían, es decir en lo que los unía más que en lo que los descomponía en meras piezas, pasando a un estudio holístico, integral, unificador de los fenómenos.

Ese nuevo paradigma está pasado a otros ámbitos del conocimiento y del estudio humano, poco a poco está permeando hacia las ciencia naturales, la cibernética, la genética, pero también hacia las ciencias sociales como la psicología, la economía o la sociología.

En el ámbito de los social, de lo ético de lo político, no es ya tanto el buscar un salvador o un culpable en una u otra forma de pensamiento social o político, sino en entender que todas están relacionadas y que se retroalimentan entre sí.

Es curioso escuchar por ejemplo la concepción que sobre un tema como el anarquismo puede tener un anarquista colectivista y un anarquista libertario…hay diferencias de calado entre sus concepciones pero sin embargo hay un hilo conductor que los solidariza a ambos y como toda solidaridad les posiciona en contra de algo de forma común que es la idea del Estado.

Es en estos nexos y relaciones que se dan entre las ideas y sus infinitas interpretaciones donde se tejen los encuentros y el empeño debería ser el hallarlos más que el buscar las causas de los efectos de sus diferencias. Lo mismo ocurre si escuchamos a un anticapitalista y a un liberal hablar o definir el concepto neo-liberalismo. Curiosamente ambos estarán muy de acuerdo en su condena. A su vez un socialdemócrata y un anarquista podrán estar muy desunidos en varios temas pero sin duda estarán básicamente de acuerdo en temas de ayuda social.

Si el empeño es separar nos iremos a las posiciones de causas y efectos, si el empeño es encontrar en las divergencias, se producirá el estudio de las relaciones y con ello, la unión, ya que no puede haber relación entre entes o ideas separadas. NO HAY nada aislado, todo está inter-relacionado.

¿Implica esto un eterno relativismo que nos impide posicionarnos y avanzar?. Nada más lejos que esto, la POSICIÓN es la reflexión, el no dar nada por sentado, el no encerrarse a la idea de que hay una verdad o varias, o unas pocas causas y efectos simplificadores en temas tan infinitamente complejos como la innumerables, espontáneas e impersonales interacciones que se dan a diario entre miles de millones de nodos de pensamiento, deseos, acciones, emociones que somos los seres humanos que conformamos a su vez, millares de sociedades que conforman en general lo humano.

La verdad no existe (como se hartan de repetir aunque cayendo en sordina, los filósofos, los novelistas, los poetas y hasta los científicos) y sólo un permitir, en tolerancia, el intercambio evolutivo de ideas, ensayos y relaciones creará un mayor acercamiento hacia esa ficción necesaria que hemos dado el nombre de dignidad.

Todo empeño de creerse en posesión de la fórmula secreta de la verdad, sólo nos alejará de ese ideal que me gusta llamar la ética de la deliberación y del cambio de paradigma que trae consigo.

David Navas

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